Día 293

2 CRÓNICAS 36.1 – 5, 2 REYES 23.31 – 24.4, JEREMÍAS 22.1 – 23, 25.1 – 14, 26.1 – 24.

Después de la muerte del rey Josías de Judá, vino una corta sucesión de reyes, cuya historia comenzaremos a estudiar hoy. Todo esto era el inicio del fin, ya que se acercaba el tiempo en que Dios juzgaría a Judá a través de Babilonia. Estaremos estudiando el libro de Jeremías en fragmentos, según va coincidiendo el relato con la cronología de los eventos descritos por los otros libros.

Para comenzar, veamos qué sucedió exactamente después de la muerte de Josías. 2 Crónicas 36 y 2 Reyes 23 y 24 nos hablan acerca de los hijos de Josías, que ocuparon el trono de Judá. Tomando los 3 libros que estudiaremos hoy como base, analizemos estas historias en perspectiva:

  1. La Biblia nos dice que su hijo Joacaz sólo duró 3 meses en el trono (2 Cr 36.2) y después fue tomado prisionero por el rey Necao de Egipto (2 R 23.33), suspendiendo así su reinado. ¿Por qué sucedió esto? 2º Reyes 23.32 dice, “Joacaz hizo lo malo a los ojos del Señor, igual que sus antepasados.” Necao lo llevó prisionero a Egipto y ahí murió (2 R 23.34), tal y como Jeremías había profetizado contra él por orden de Dios: “11 Pues esto dice el Señor acerca de Joacaz, quien sucedió en el trono a su padre, el rey Josías, y fue llevado cautivo: «Él nunca regresará. 12 Morirá en una tierra lejana y nunca más verá su propio país».” (Jer 22.11-12). Tristemente Joacaz no quiso seguir el buen ejemplo de su padre Josías, sino que se perdió en el pecado y el mal gobierno, trayendo para sí mismo su ruina.
  2. Necao puso en su lugar a Joacim (llamado originalmente Eliaquim pero le cambiaron el nombre, 2 R 23.34), quien reinaría 11 años y también, tristemente, “hizo lo malo a los ojos del SEÑOR su Dios.” (2 Cr 36.5). ¿Exactamente qué hizo este rey? Jeremías 22.13-23 nos da más detalle de las acusaciones que Dios formuló contra Joacim: a) construyendo para sí mismo su palacio a costa del trabajo forzado de sus compatriotas (no les pagaba por su trabajo), b) mucha avaricia, c) deshonestidad, d) homicidio de inocentes, e) opresión al pobre, y f) falta de compasión. Por todo ello, Dios le promete: “Será enterrado como un burro muerto: ¡arrastrado fuera de Jerusalén y arrojado fuera de las puertas!” (Jer 22.19), e incluso le recordó que ya le había advertido antes que cambiara pero no quiso escuchar (Jer 22.21) e incluso afirmó, “Has sido así desde tu niñez, ¡nunca me obedeces!” Joacim mostró mucha rebeldía a Dios desde pequeño y la continuó mostrando cuando ya estuvo en el trono. A pesar de ver el destino que su hermano Joacaz sufrió a manos de los egipcios, ¡no quiso cambiar!
  3. El libro de Jeremías nos da más detalle todavía sobre Joacim, ya que afirma que Dios le mandó un mensaje directo a él y a toda su corte real y el pueblo en general, en Jeremías 25.1-14. La Biblia dice que este mensaje fue dado a conocer “durante el cuarto año del reinado de Joacim sobre Judá” (Jer 25.1). Esto quiere decir que si Joacim reinó 11 años como dijimos, recibió la advertencia de Dios a inicios de su reinado. Tenía bastante tiempo para haber escuchado y para arrepentirse, pero no lo hizo. Al escuchar el mensaje directo de Jeremías sobre la futura invasión babilónica y los 70 años de cautiverio (Jer 25.12), tanto los sacerdotes, el pueblo y los funcionarios querían matarlo (Jer 26.8), pero algunos de los ancianos más sabios lo impidieron. Pero otro profeta llamado Urías, a quien Dios envió con el mismo mensaje de Jeremías, no corrió con la misma suerte, y en su caso fue el mismo rey Joacim quien envió capturarlo, traerlo desde Egipto donde había huído y matarlo con espada para luego enterrarlo en una fosa común (Jer 26.23), como si fuera un desconocido insignificante. A todas sus maldades anteriores, Joacim agregaría la sangre de profetas inocentes a quien Dios sí había enviado.
  4. El discernimiento que sí tenían los ancianos de Judá. En Jeremías 26.17-19 encontramos una escena muy interesante: a los “sabios ancianos” reconociendo que el profeta Miqueas ya había anunciado la destrucción de Judá en Miqueas 3.12 (escritas casi un siglo antes de ese momento) y comprendieron que tal vez sí era Dios quien estaba atrás de Jeremías y que les estaba dando una última oportunidad como se la dió en su tiempo a Ezequías y Dios decidió cambiar su decisión para ese tiempo. Concluyeron entonces lo siguiente: “Así que estamos a punto de perjudicarnos a nosotros mismos.” (Jer 26.19), “Y nosotros, ¿causaremos un mal tan grande contra nosotros mismos?” (BTX), “Sin embargo, nosotros estamos por provocar nuestro propio mal.” (NVI). Con esto podemos ver que no estaban en la total ignorancia de las cosas, sí entendían los mensajes que Dios les había estado dando y los tenían presentes, pero eventualmente no quisieron escucharlos. Por eso la queja de Dios era, “»Una y otra vez, el Señor les ha enviado a sus siervos, los profetas, pero ustedes no escucharon ni prestaron atención.” (Jer 25.4). Realmente Dios se sentía despreciado, rechazado e ignorado por lo que quedaba de su pueblo, es decir, Judá.

Ahora, hay algunos aspectos teológicos importantes que necesitamos enfatizar en estos pasajes:

  1. Los “setenta años de cautiverio” (Jer 25.12). El Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de Editorial Caribe, dice que a lo largo de la historia de interpretación biblica se ha forzado mucho este número para que coincida a exactitud, pero que en realidad se debe considerar como un período aproximado para la cautividad en Babilonia. Se cree que las “setenta semanas” del libro de Daniel también tienen relación con los 70 años de cautiverio. Más adelante al estudiar 2 Crónicas 36.17-22 podremos completar la escena de lo que los 70 años significaron en realidad.
  2. El corazón de Dios para salvar hasta el último momento. En Jeremías 26.2b-3 dice, “Dales mi mensaje completo sin que falte una sola palabra. Quizá te escuchen y se aparten de sus malos caminos. Entonces cambiaré de parecer acerca del desastre que estoy por derramar sobre ellos a causa de sus pecados”.” Dios tenía hasta el final la esperanza de que a través de las fuertes advertencias que le envió a su pueblo a través de sus profetas, ellos decidieran finalmente arrepentirse y buscarlo de corazón de nuevo. Sabemos que no sucedió así, pero no debemos pasar por alto este aspecto, ya que refleja el amor que Dios le tenía a su pueblo y cómo en realidad no le agradaba causarles el dolor que se acercaba, más bien quería que cambiaran y así se salvaran. Dios no es un Dios sádico ni vengativo como muchos individuos que se oponen a la fe afirman. El siguiente versículo refleja este dilema que Dios enfrentaba al decidir aplicar disciplina a su pueblo: “«Te amo tanto como a la fructífera Galaad y como a los verdes bosques del Líbano. Pero te  convertiré en un desierto y nadie vivirá dentro de tus muros.” (Jer 22.6). Dios amaba tanto a su pueblo que no podría pasar por alto sus pecados, sino que tenía la necesidad de ayudarles a través del sufrimiento para que aprendieran lecciones importantes.
  3. ¿Qué es conocer a Dios de acuerdo al mismo Dios? Jeremías 22.13-17 nos presenta un afirmación muy importante, al estar recordando las cualidades morales del fallecido rey Josías: “era justo y recto en todo lo que hacía… HIzo justicia al pobre y al necesitado y los ayudó…”, de pronto dijo, “¿No es eso lo que significa conocerme? —dice el SEÑOR—.” (Jer 22.16), “¿No es esto conocerme?” declara el SEÑOR.” (NBLH), “¡A eso le llamo conocerme!” (TLA). Aquí encontramos una idea divina clara de lo que se puede considerar alguien que dice que “conoce” a Dios: integridad, justicia, compasión al necesitado, rectitud personal. Muchos años después, Jesús diría algo similar en Juan 14.23–24 (DHH-LA), “23Jesús le contestó: —El que me ama, hace caso de mi palabra; y mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a vivir con él. 24El que no me ama, no hace caso de mis palabras. Las palabras que ustedes están escuchando no son mías, sino del Padre, que me ha enviado.” Siempre debemos asegurarnos que lo que afirma nuestra boca, sea respaldado con nuestros hechos, de lo contrario no es real.
  4. El anuncio del castigo para Babilonia. Jeremias 25.12-14 contiene un mensaje profético contra Babilonia, quien sería igualmente invadida por “Muchas naciones y grandes reyes” y terminaría recibiendo un castigo divino “en proporción al sufrimiento que le ocasionaron a mi pueblo” (Jer 25.14). ¿Pero qué no en Jeremías 25.9 Dios dijo, “Nabucodonosor, rey de Babilonia, a quien nombré mi representante”? ¿Cómo es que unos versículos más adelante anuncia su castigo? El Nuevo Comentario Bíblico: Siglo Veintiuno, de Sociedades Bíblicas Unidas, nos dice que aunque era cierto que Dios había escogido a Nabucodonosor para llevar a cabo su juicio contra Judá, ese rey había actuado de forma egoísta y muy cruel al hacerlo, y por esa razón Dios castigaría a toda la nación de Babilonia también. Ciertamente había sido siervo de Dios pero solo como agente de su ira, pero no se comportó correctamente al desempeñar esa misión.

Conclusiones:

  1. La desobediencia es un pecado muy grave. Es común que las personas, desde niños, aprendemos a ser desobedientes a nuestros padres, después a las autoridades escolares, luego a las civiles, y finalmente en el camino,  a Dios mismo. Es muy importante que restauremos el valor de la obediencia en nuestras vidas a todas las figuras de autoridad que tenemos alrededor pero principalmente a Dios, quien nos habla a través de su Palabra. Un día Dios pedirá cuentas a cada ser humano sobre la obediencia que Él esperaba hacia sus mandatos.
  2. Una de las peores cosas que podemos hacer con nuestra vida es adquirir entendimiento de la Palabra de Dios, pero no tomarla en serio y terminar menospreciándola. Para Dios esto es algo muy serio y no lo deja sin consecuencias, porque Él toma ese acto como un desprecio hacia Él mismo y su voluntad. No menospreciemos a Dios, mejor profundizemos en nuestro estudio bíblico pero con la decisión firme de poner en práctica lo que aprendemos.
  3. El corazón de Dios siempre será salvar, no condenar. Aún en los peores momentos de su pueblo podemos apreciar ese corazón, haciendo esfuerzos hasta el último momento por salvarlos del castigo anunciado y manteniendo abierta la posibilidad de cambiar su decisión si veía arrepentimiento. Cada día que amanecemos es una nueva oportunidad para cambiar y volvernos a Dios, ¿la estamos aprovechando?
  4. Conocer a Dios de forma verdadera siempre estará relacionado con el estilo de vida que la persona lleva. Jamás será aceptable bíblicamente hablando que una persona que vive en maldad diga que “conoce” a Dios “a su manera”. Eso es una mala teología, no hay ningún respaldo bíblico que nos confirme que eso es posible, al contrario, toda la Escritura apunta a que Dios mismo sólo considerará aquellos que dicen conocerlo pero que se esfuerzan por cambiar sus vidas y obedecer sus valores de rectitud, integridad y justicia tal como Él lo pide. ¡No olvidemos esto!

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