Día 277

ISAÍAS 34.1 – 35.10, MIQUEAS 2.1 – 4.13.

Hoy continuaremos estudiando más profecías del libro de Isaías pero además retomaremos el estudio del libro del profeta Miqueas, que de acuerdo al análisis de introducción de Miqueas que habíamos hecho previamente (click aquí para revisarlo), fue un profeta contemporáneo de Isaías, el más joven de hecho, y predicó también durante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías en Judá.

Con respecto a los capítulos 34 y 35, el mensaje del profeta Isaías da un giro y se enfoca ahora en 2 eventos específicos: el juicio final y el regreso de los exiliados de Judá. Veamos algunos detalles relevantes:

  1. El capítulo 34 lleva por título en algunas traducciones “Mensaje para las naciones”. Después de tener el enfoque puesto en Judá y las naciones vecinas, ahora Isaías, inspirado por Dios, lanza un mensaje contra la humanidad en general, representada por Edom (v. 5), tal como es interpretado por muchos de los estudiosos bíblicos en recursoso como El Teacher’s Bible Commentary, de Broadman & Holman Publishers. Incluso el lenguaje escatológico que emplea Isaías parece repetirse en otros capítulos del mismo libro (Isaías 66.24, ) pero también en pasajes del NT como Mateo 24.29 (NVI, “»Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, »“se oscurecerá el sol y no brillará más la luna; las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán sacudidos”.”), 2 Pedro 3.7 (NVI, “Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos.”) y Apocalipsis 6.13-14 (NVI, “13 y las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval. 14 El firmamento desapareció como cuando se enrolla un pergamino, y todas las montañas y las islas fueron removidas de su lugar.”). En todas estas referencias encontramos los mismos elementos: cadáveres regados sin sepultura por la tierra (Is 34.3), un cataclismo cósmico con estrellas “cayendo” del cielo (Is 34.4) y Dios ejecutando su venganza contra naciones paganas representadas por Edom (Is 34.8). Entonces, es claro por un lado que Dios estaba dando un mensaje ahora contra las naciones paganas como Edom que habían agredido a su pueblo durante mucho tiempo y les llegaría el día de rendir cuentas ante Dios pronto. Pero por otro lado, aprovechó la situación para dar un mensaje profético sobre el juicio final que vendría a este mundo un día, cuando Dios derramaría su venganza sobre la tierra contra toda la gente que se resistió a conocerlo. Dos frases interesantes nos dejan pensando más en el asunto: “Escudriñen el libro del Señor y vean lo que él hará… Su espíritu hará que todo esto se haga realidad.” (Is 34.16). Es decir, si la Palabra de Dios lo dice, ¡así será! Otra profecía con doble aplicación en la Biblia.
  2. Después de este panorama desolador, el capítulo 35 da un giro radical y se enfoca en una liberación futura del pueblo de Dios, donde hasta el desierto estaría contento (v. 1), habrá abundancia de “cantos y de alegría” (v. 2), los desiertos reverdecerían y Dios manifestaría su gloria. Serían tan buenas las noticias que habría que incluso Dios mismo pide “3 Con esta noticia, fortalezcan a los que tienen cansadas las manos, y animen a los que tienen débiles las rodillas. 4 Digan a los de corazón temeroso: «Sean fuertes y no teman, porque su Dios viene para destruir a sus enemigos; viene para salvarlos».” (v. 3 – 4). Gente cansada que se fortalecería y débiles que se animarían. ¿De qué tiempo estaría hablando? La primera posibilidad, la más inmediata, es el regreso de Judá del exilio babilónico, que tomaría lugar unos 150 años después de que Isaías estaba escribiendo este libro. El versículo 10 parece ser claro al respecto, “Regresarán los que han sido rescatados por el Señor; entrarán cantando a Jerusalén, coronados de gozo eterno, estarán llenos de regocijo y de alegría; desaparecerán el luto y la tristeza.” Así que a pesar de todos los sufrimientos que el pueblo de Dios tendría que pasar, llegaría un día de restauración y de muchísimo gozo y esperanza. Estudiaremos más adelante cómo sucedió aquel gran evento. Sin embargo, también encontramos algún eco a la era mesiánica con Jesús cuando dice “5 Y cuando él venga, abrirá los ojos de los ciegos y destapará los oídos de los sordos. 6 El cojo saltará como un ciervo, y los que no pueden hablar ¡cantarán de alegría!”, que nos recuerda inmediatamente a Mateo 11.5 y aún en la misma descripción del Mesías que Isaías hace en el capítulo 42 de este libro.

Ahora, con respecto a los capítulos 2 al 4 del libro de Miqueas, podemos decir lo siguiente:

  1. Más razones para el juicio de Dios. Recordemos que el profeta se está dirigiendo al pueblo de Judá (“Oh, pueblo de Judá, rapen sus cabezas en señal de aflicción, porque sus amados hijos les serán arrebatados.” (Mi 1.16). Dios denunció severamente los pecados tanto del pueblo como de los dirigentes por los cuales la nación de Judá se hacía acreedora al juicio divino: fraude y violencia entre el pueblo para robar propiedades a terceros (Miq 2.1-2), desalojos de sus casas de mujeres indefensas (Miq 2.9), falsos profetas que daban mensajes de comodidad y los placeres de la vida (especialmente del gusto por el vino) al pueblo en lugar de denunciar sus maldades (MIq 2.11). Por otro lado, líderes con una escala de valores torcida (“odian lo bueno y aman lo malo”, Miq 3.1), que abusaban de la gente, profetas mal motivados para profetizar al pueblo (“Prometen paz a quienes les dan de comer, pero le declaran la guerra a quienes se niegan a alimentarlos.”, Miq 3.5, “ustedes, sacerdotes, enseñan las leyes de Dios sólo por dinero; ustedes, profetas, no profetizan a menos que se les pague.”, MIq 3.11), dirigentes hipócritas que buscaban a Dios por conveniencia solamente (” ¡Y luego, cuando tienen problemas, suplican la ayuda del SEÑOR!… Después de todo el mal que han hecho…”, Miq 3.4) y cuyo estilo de liderazgo involucraba la corrupción y el soborno (Miq 3.11). La situación social y espiritual de Judá era bastante mala y Dios ya estaba llegando al límite de sus maldades. Y lo peor de todo es que sentían una falsa seguridad ya que pensaban, “«Nada malo nos puede suceder —dicen ustedes— porque el SEÑOR está entre nosotros».” (Miq 3.11).
  2. El contraste entre el verdadero profeta de Dios y los falsos. Mientras que por un lado, como ya vimos, los falsos profetas anunciaban mensajes torcidos de paz y comodidad motivados sobre todo por algún beneficio material o económico que recibían, por otro lado el verdadero profeta MIqueas dijo, “Yo, en cambio, estoy lleno de poder, lleno del Espíritu del Señor. Estoy lleno de justicia y de fuerza para denunciar con valentía el pecado y la rebelión de Israel.” (Miq 3.8). Era clara la diferencia entre uno y los otros, no había forma de confundirlos. Dios había dotado de “justicia y de fuerza” a Miqueas para cumplir bien su misión: ¡denunciar la maldad de Judá! Sus motivos para hacer su trabajo profético (obedecer a Dios y dolor por el estado espritual de Judá) eran muy distintos a los de los falsos profetas (ambición de dinero y agradar a la gente).
  3. El anuncio claro del exilio de Judá y del futuro regreso del mismo. Varios pasajes en estos capítulos nos hablan directamente de lo que Dios había planeado: “12 «Algún día, oh Israel, yo te reuniré; juntaré al remanente que quedó… 13 Su líder irrumpirá, se pondrá al frente y los sacará del destierro, a través de las puertas de las ciudades enemigas, y los llevará de regreso a su propia tierra…” (Miq 2.12-13), “porque ahora tendrán que salir de esta ciudad… Pronto serán enviados al destierro a la lejana Babilonia. Pero allí el SEÑOR los rescatará; él los redimirá de las garras de sus enemigos.” (Miq 4.10). Ya no habría lugar para especulaciones, el mensaje era claro: Judá sería castigado y saldría de Jerusalén rumbo a Babilonia, pero un día regresaría y serían restaurados. Décadas completas pasarían entre un evento y otro pero Dios ya lo estaba anunciando.
  4. Una profecía más allá del regreso del exilio. Dentro del contexto del exilio y el regreso de Judá, el profeta de pronto dejó un mensaje en Miqueas 4.1-5 que es casi idéntico a lo que contiene Isaías 2.2-4, que dice en la NVI, “En los últimos días,el monte de la casa del Señor será establecido como el más alto de los montes; se alzará por encima de las colinas,y hacia él confluirán todas las naciones. Muchos pueblos vendrán y dirán: «¡Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob!, para que nos enseñe sus caminos y andemos por sus sendas.» Porque de Sión saldrá la enseñanza, de Jerusalén la palabra del Señor. 4Él juzgará entre las naciones

    y será árbitro de muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados  y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra.” Compara este pasaje con el correspondiente en Miqueas y te sorprenderás de las similitudes. Muchos estudiosos bíblicos coinciden en afirmar que el pasaje de Miqueas apunta hacia los tiempos de Jesús. La profecía habla de la importancia que cobraría Jerusalén para el pueblo de Dios ya que “la enseñanza saldrá de Sión; su Palabra, de Jerusalén.” (Miq 4.2), y “Allí él nos enseñará sus caminos y andaremos en sus sendas” (Miq 4.2). De acuerdo con el Nuevo Diccionario de la Biblia, de Editorial Unilit, “Sión” se le llamaba al monte Moriah, que fue el lugar donde se construyó el templo de Jerusalén. La ley se enseñaba desde ahí, por eso la referencia.

Conclusiones:

  1. No perdamos de vista que un día habrá un juicio hacia todas las naciones del mundo y a todos los seres humanos que hemos existido. Es fácil perderse en las complicaciones de la fe y en los problemas de la vida en el día a día, pero tengamos presente que este mundo va a terminar un día con todo lo que hay en él y todos daremos cuentas a Dios de nuestros actos.
  2. Así como la promesa de Dios de liberar a su pueblo un día fortalecía a los cansados y a los desanimados por el exilio que estaban viviendo, así también permitamos que las promesas de Dios nos fortalezcan cuando estamos cansados y nos ayuden cuando nos encontremos desanimados.
  3. Tengamos cuidado con la falsa seguridad que el congregarnos en una iglesia cristiana nos puede traer. Así como muchos israelitas se sentían seguros solo por ser miembros de dicha nación aunque sus vidas estuvieran de cabeza, así nos puede suceder a nosotros, que terminemos viviendo vidas contrarias a la verdad pero sintiéndonos “protegidos” de alguna forma por ser parte de una iglesia. A Dios no se le puede engañar.

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