Día 413

1 CORINTIOS 15.1-16.24.

Después del discurso sobre la administración de los dones espirituales en la iglesia de Corinto, el apóstol Pablo terminó su primera carta a la iglesia de Corinto enfocándose en un tema muy trascendente: la resurrección de Jesús y sus implicaciones para nosotros (1 Co 15). Después terminó la carta con algunas recomendaciones de tipo administrativo sobre la colecta en la iglesia y algunos saludos.
El apóstol inició diciendo, “Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué” (1 Co 15.1). Recordemos que Pablo había sido una pieza fundamental para el establecimiento de la iglesia en la ciudad de Corinto. En varios versículos (1 al 11), desarrolló lo que para él era el evangelio de Cristo, y que era el mismo que fue predicado a los corintios:
  1. Primero, recordemos brevemente que la palabra “evangelio” viene del griego εὐαγγέλιον (euangelion), que de acuerdo con el Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Editorial Mundo Hispano, significa “buena nueva”. El mensaje de la visita de Cristo a la tierra, su enseñanza, su muerte y su resurrección constituía la mejor buena noticia que la humanidad entera podría haber recibido.
  2. En 1 Co 15.2, Pablo afirma dos cosas muy importantes: a) a través de ese evangelio los corintios habían alcanzado la salvación, b) sin embargo necesitaban mantener una actitud de aferrarse a dicho evangelio o “De otro modo, habrán creído en vano.” (1 Co 15.2). Es decir, Pablo aseguraba que si bien el evangelio de Jesús podía salvar las almas de las personas que lo abrazaran, cada creyente era responsable de forma personal de mantenerse cerca del evangelio, literalmente “aferrarse”, del griego κατέχω (katechō), que de acuerdo con el mismo Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, significa “Conservar… retener, poseer, tomar… detener”. La fuerza del verbo griego nos muestra el empeño y la determinación que como creyentes necesitamos tener con respecto a mantenernos alineados con los principios contenidos en el evangelio de Cristo. Si no hacemos esto, aunque hayamos recibido la salvación por gracia (es decir, como un regalo inmerecido), ¡la podemos perder! Eso significa “habrán creído en vano” o “de nada les servirá haberla aceptado” (1 Co 15.2), es decir, el resultado de salvación esperado no estaría disponible.
  3. La esencia del mensaje del evangelio era anunciar al mundo lo siguiente: a) Cristo murió por nuestros pecados según las profecías mesiánicas del AT (1 Co 15.3), b) que resucitó al tercer día de acuerdo también con dichas profecías (1 Co 15.4), c) que se apareció a muchas personas (incluidos los apóstoles, su hermano Jacobo, al menos a unos 500 hermanos y al mismo Pablo). No era solamente anunciar a un Mesías crucificado, sino a un Mesías resucitado. El mensaje del evangelio nunca estará completo si minimizamos el evento de la resurrección. Este era el mensaje que Pablo predicaba en cada lugar a donde llegaba y era el mensaje que creyeron lo corintios (1 Co 15.11). Pablo no fue “mejorando” el mensaje del evangelio a medida que predicaba en las diferentes ciudades que visitó, más bien la estructura básica y central del evangelio siempre fue y será la misma, ¡no hay nada que modificarle! Y el poder para transformar vidas y para salvar seguirá siendo el mismo.
Ahora, en 1 Corintios 15.8-10 podemos percibir la humildad del apóstol Pablo, quien reconocía abiertamente lo siguiente: a) que él era uno “nacido fuera de tiempo” (1 Co 15.8), b) que era el “más insignificante de los apóstoles” y ni siquiera merecía ese título (1 Co 15.9), c) que tenía claro que antes fue un perseguidor de la iglesia de Cristo, d) que todo esto no era por sus méritos sino por la gracia de Dios (1 Co 15.10), e) que él se estaba asegurando que esa enorme gracia derramada sobre él no fuera “infructuosa”, trabajando fuertemente por la causa del evangelio incluso más que todos los demás apóstoles. Pablo estaba consciente de sus terribles pecados pasados y por lo tanto de cuánto amor Jesús le tuvo al escogerlo, aparecérsele y perdonarlo. Podemos notar por el texto que Pablo se sentía en deuda con Cristo y que todo lo que hacía para avanzar su mensaje era motivado fuertemente por la gratitud que sentía hacia Cristo y por eso trabajaba “con más tesón” (1 Co 15.10b) que sus colegas apóstoles. No era motivado por un afán de competencia como si los demás apóstoles fueran sus rivales para ver quién ganaba más almas o quién conquistaba más ciudades para Cristo; sino por gratitud a Jesús. Y si lo pensamos así, ¿con cuánto trabajo para Dios podríamos pagarle el perdón de nuestros pecados y la salvación de nuestras almas? ¡Siempre le quedaríamos debiendo! Pero eso no nos excusa de que no trabajemos para Él sirviéndole en todo lo que podamos por gratitud.
En 1 Corintios 15.12-58 encontramos un impresionante desarrollo del tema de la resurrección de Cristo pero también de la resurrección futura de los creyentes. Su decisión de tratar estos temas obedecen a varias dudas y controversias que al parecer se estaban presentando en la iglesia de Corinto. Veamos los puntos relevantes:
  1. La primera controversia surgió en torno a que algunos creyentes estaban afirmando que no había resurrección (1 Co 15.12). Pablo les demostró que hablar así era completamente irresponsable ya que si era cierto eso, ni Cristo resucitó ni ellos mismos como sus discipulos tenían ninguna esperanza de salvación (1 Co 15.14), además de acusar a los apóstoles de “falsos testigos de Dios” (1 Co 15.15). El impacto de semejante afirmación sería tan trascendente que: a) la fe completa en Dios era “ilusoria” e inútil, b) todos los que murieron en Cristo hasta ese momento estarían perdidos también (1 Co 15.18), c) si la esperanza que ofrece el cristianismo solo fuera para la vida terrenal “seríamos los más desdichados de todos los mortales” (1 Co 15.19) o “somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima” (NBLH) o “somos los más desdichados de todos” (DHH-LA).
  2. Pablo estaba afirmando con esto que la resurrección era un tema central en el mensaje del evangelio y que si la removemos, ¡todo lo demás pierde sentido! Si Jesús hubiera sido un hombre extraordinario y ejemplar, hubiera entregado su vida altruístamente en amor por la humanidad y hubiera sido sepultado, pero nunca resucitó, efectivamente todos los que nos hemos llamado “cristianos” o “discípulos de Jesús” por siglos hemos sido los más tontos y miserables de todos los seres humanos. Pensémoslo así, si la esperanza del cristianismo solo fuera para esta vida (si solo nos ofreciera un poco de paz, una mejor auto-estima, mejores relaciones humanas, valores morales), ¿por qué sacrificarnos tanto por Cristo? ¿Por qué negarnos placeres terrenales que todas las demás personas viven diariamente? ¿Por qué preferir el camino angosto y no mejor el camino ancho, como todo el mundo? ¿Por qué soportar desprecios y persecuciones? ¿Por qué incluso morir por causa del nombre de Jesús? ¡No tendría ningún sentido! Si eso es verdad, mejor dejar el cristianismo y entregarnos al materialismo, al egoísmo, al hedonismo, o a algunas de las religiones orientales que nos ofrecen casi los mismos beneficios que el cristianismo en términos de salud y bienestar personales.
  3. Sin embargo, Pablo afirmó, ” Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron.” (1 Co 15.20). Es decir, ¡no era un cuento, era verdad! Cristo sí resucitó de entre los muertos como “primicias de los que murieron” o “ha sido el primero en resucitar” (DHH-LA). De acuerdo con el Holman New Testament Commentary: I & II Corinthians, de Broadman & Holman Publishers, Pablo está utilizando aquí terminología del Antiguo Testamento para referirse a las ofrenda de los primeros frutos (Levítico 23.15-17) que consistían en las primeras porciones de las cosechas que anticipaban que la cosecha entera estaba por venir. De la misma manera, cuando Cristo resucitó, fue la señal de que en el futuro habría también resurrección de los muertos. Pero, ¿de todos los muertos? Pablo dijo, “Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir.” (1 Co 15.22). Pareciera que efectivamente se trata de una resurrección de todos los seres humanos, hayan tenido fe o no. Sin embargo, en el siguiente versículo dijo también, “pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen.” (1 Co 15.23). Ahora el panorama está más completo, Pablo se está refiriendo a la resurrección de los creyentes exclusivamente, que sucederá en el juicio final cuando Jesús regrese (1 Co 15.24) y cuando dijo, “El último enemigo que será destruido es la muerte” (1 Co 15.26).
  4. En 1 Corintios 15.29-34 encontramos algunas afirmaciones inusuales y que pueden generar confusión. Pablo dijo, “Si no hay resurrección, ¿qué sacan los que se bautizan por los muertos? Si en definitiva los muertos no resucitan, ¿por qué se bautizan por ellos?” De acuerdo con el The Bible Knowledge Commentary, de Victor Books, se han propuesto cerca de 200 posibles intepretaciones para este versículo pero todas tratando de conformar el versículo a la doctrina ortodoxa del bautismo. La realidad es que Pablo sí se está refiriendo a una práctica de bautismo por los muertos que al parecer llevaban a cabo algunos discípulos de la iglesia de Corinto. Pero él se refiere a dicha práctica como algo contrario a la creencia cristiana en la resurrección de los muertos y también una práctica que él mismo no llevaba a cabo (ya que dijo, “los que se bautizan por los muertos” y no “los que bautizamos por los muertos”). ¿De dónde pudo venir tal práctica? Según la misma fuente, es muy posible que algunos cristianos de Corinto hubieran mezclado elementos de la doctrina cristiana con elementos de una religión de misterio muy antigua proveniente de la ciudad de Eleusis (al norte de Corinto) que era muy popular por aquella época. Algunos ritos de iniciación que tenían incluía la inmersión en el mar para purificación y para asegurar bendiciones en la vida después de la muerte. Así que es posible que esos cristianos torcieran la enseñanza del bautismo cristiano y la resurrección de los muertos en Cristo para mezclarla con elementos de misterio de dicha religión pagana para crear un nuevo bautismo, ¡por los muertos! Posiblemente también la reprensión que el apóstol da a los corintios en 1 Co 15.33-34 (“No se dejen engañar… Vuelvan a su sano juicio…. dejen de pecar… hay algunos de ustedes que no tienen conocimiento de Dios…”) esté relacionada con la desviación doctrinal que algunos estaban experimentando. Incluso Pablo mencionó un proverbo popular atribuído al cómico griego Menandro (“Las malas compañías corrompen las buenas costumbres”) para advertirles que se alejaran de las malas influencias de las que se estaban rodeando y que los estaban corrompiendo doctrinalmente, posiblemente falsos maestros. Con este análisis también podemos mencionar que la doctrina del bautismo por los muertos (click para ver detalles) que practican los mormones está completamente equivocada y fuera de contexto, aunque ellos utilizan 1 Co 15.29 como Escritura base para dicha doctrina.
  5. La segunda inquietud que al parecer los corintios tenían se encuentra en 1 Co 15.35, “Tal vez alguien pregunte: «¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vendrán?»” Puede ser que los discípulos en Corinto estuvieran siendo confundidos por aquellos creyentes que andaban equivocados en su doctrina de la resurrección que ahora también tuvieran preguntas sobre el tipo de cuerpo con el que resucitarían. Pablo aclaró lo siguiente al respecto: a) así como existe el cuerpo terrenal también existe el cuerpo celestial (1 Co 15.40), b) las personas no resucitarán con el cuerpo terrenal que tenían en vida (débil y corrupto) sino con un cuerpo celestial (poderoso y glorioso) (1 Co 15.43), c) cuando Jesús regrese los creyentes vivos no resucitarán sino más bien serán transformados “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Co 15.52) de un cuerpo corruptible a uno incorruptible y celestial, d) ese día se cumplirá Isaías 25.8 que predice la victoria de Dios sobre la muerte. Los corintios estaban pensando en cuanto a la resurrección en términos naturales y humanos, como si el cuerpo resucitado fuera el mismo cuerpo que utilizamos en vida; pero Pablo les aclaró que no sería así, que se trataba de otro cuerpo, uno celestial. Con esto podemos concluir que realmente no importa lo que le suceda al cuerpo humano al morir (si es cremado, mutilado, comido por animales, etc.), porque la resurrección será en un cuerpo distinto.
  6. Dos comentarios finales con respecto a este pasaje: a) la afirmación astronómica de que “Cada estrella tiene su propio brillo” (1 Co 15.41), que hasta en tiempos recientes con la ayuda del telescopio ha sido confirmada; b) la exhortación de Pablo en 1 Co 15.58 para toda la iglesia de Corinto, quienes en vista de la gloria que les esperaba con la resurrección futura, les dijo a “manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.” Firmes, inconmovibles, progresando en el trabajo para Dios que no es en vano. Otra exhortación parecida está en 1 Co 16.13-14, “13 Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. 14 Hagan todo con amor.”
Para terminar, el capítulo 16 contiene varias recomendaciones e instrucciones con respecto a diversos temas, veamos cuáles son:
  1. La “colecta para los creyentes” (1 Co 16.1). Pablo les pidió que hicieran lo mismo que hacían las iglesias en Galacia: a) el “primer día de la semana” (domingo, el día de las reuniones de la iglesia primitiva), b) apartar dinero para la colecta “conforme a sus ingresos” (1 Co 16.2), c) esa colecta era para la iglesia de Jerusalén (1 Co 15.3). La práctica de la ofrenda cristiana se derivó de estas instrucciones.
  2. Los encargos personales para la atención de Timoteo (1 Co 16.10), que los visitaría. Pablo intentó convencer a Apolos (quien era famoso en Corinto) de que fuera a visitar a aquella iglesia pero no quiso en ese momento. También pidió que saludaran a varios cristianos, menionados por nombre (Estéfanas, Fortunato, Acaico), que se habían “dedicado a servir a los creyentes” (1 Co 16.15), por lo cual, dijo Pablo, “merecen que se les exprese reconocimiento” (1 Co 16.18). De hecho, pidió a los cristianos de Corinto que apoyaran a todos aquellos creyentes que fueran como esas personas. Si bien no debemos exaltar al hombre, sí es un deber cristiano reconocer públicamente y apoyar a aquellos miembros de la iglesia que tienen como convicción fuerte “servir a los creyentes”.

Conclusiones:

  1. Aferrémonos al mensaje del evangelio todos los días de nuestra vida en esta tierra, de esa manera mantendremos activa nuestra salvación y podremos ser útiles para avanzar el reino de Dios. Rechazemos la apatía y la indeferencia espirituales, que nos pueden llevar a alejarnos del evangelio y eventualmente ponernos en riesgo de que nuestra fe haya sido inútil.
  2. Pensemos en todo lo que Dios nos ha perdonado y todas las bendiciones que nos ha dado. Pensemos ahora si estamos luchando cada día para que esa gracia no sea infructuosa, sino que genere mucho fruto. ¿Qué resultados está dando la gracia de Dios en tu vida? ¿Qué le estás regresando a Dios por gratitud en tu vida?
  3. Jamás en el apóstol Pablo hubo un espíritu de competencia con los demás apóstoles, sino más bien su esfuerzo era motivado por gratitud a Cristo. Seamos como él, motivémonos por gratitud para toda obra para Dios y rechazemos motivaciones corruptas.
  4. Apreciemos más el trascendente evento de la resurrección de Jesús, que abrió el camino para nuestra propia resurrección futura, cuando él regrese. Entendamos la centralidad de este evento dentro del mensaje del evangelio de Jesucristo y para nuestra vida también.
  5. Tomemos la exhortación de Pablo que nos llamó a estar firmes, inconmovibles, progresando en el trabajo para Dios, a mantenernos alertas, a ser valientes y a ser fuertes. ¿Por qué tanto esfuerzo? Porque tanto lo que hizo Jesús por nosotros como lo que nos espera gracias a él, merecen que nosotros hagamos nuestra parte bien aquí en la tierra.

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