Día 368

JUAN 6.22-71, MARCOS 7.1-23, MATEO 15.1-20.

Continuaremos hoy con varios eventos dentro del ministerio de Jesús que siguieron a la noticia de la muerte de Juan el Bautista, la multiplicación de los panes y los peces y cuando Jesús y Pedro caminaron en el agua. Recordemos que más de 5,000 personas habían sido testigos del poderoso milagro de la multiplicación de alimentos así como sanidades diversas. Sin embargo, la triste condición del corazón humano sería evidenciada una vez más ante el Hijo de Dios.

En Juan 6.22-71 encontramos lo que sucedió después de que Jesús alcanzó a los discípulos enmedio de la tormenta y llegaron al otro lado del lago. Veamos los puntos importantes:

  1. Los versículos 22 al 24 narran cómo la gente estaba buscando a Jesús y decidieron subirse a varias barcas y cruzar también el mar de Galilea hasta llegar al otro lado, a Capernaúm, para buscar a Jesús. No pensaban dejarlo ir tan fácil, querían estar cerca de él y seguir recibiendo los milagros que hacía.
  2. Cuando llegaron hasta donde estaba Jesús (quien se encontraba enseñando ya en la sinagoga de Capernaúm, v. 59), esta vez al verlos él no se llenó de compasión por ellos como apenas había sucedido en la otra orilla justo antes de que hiciera el milagro de la multiplicación de los alimentos (Marcos 6.34). Más bien en esta ocasión Jesús les dijo: “26 —Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse. 27 Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna” (Jn 6.26-27). Entendamos el contexto: la gente ya había recibido la satisfacción de sus necesidades físicas y espirituales (con mucha enseñanza) y buscaron de nuevo a Jesús, pero por lo que él les dijo, no para aprender más de él y seguirlo, o por gratitud por lo que había hecho por ellos, o porque las señales milagrosas crearon fe en ellos, sino porque “comieron pan hasta llenarse”. Nadie podía engañar al Hijo de Dios ya que él podía leer los corazones de las personas y se daba cuenta por qué la gente lo quería seguir. Recordemos también que el episodo de la multiplicación de los panes terminó con la multitud queriéndolo hacer rey a la fuerza. Jesús ya no estaba tan motivado para continuar haciéndoles milagros y dándoles más de comer. Era tiempo de poner un alto y de confrontarlos con sus corazones.
  3. Una de las evidencias más fuertes del estado tan endurecido en que estaban los corazones de estas personas es el v. 30 cuando le dijeron a Jesús: ” —¿Y qué señal harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer?” ¿Qué no recién habían visto las señales milagrosas de sanidades y de multiplicación de alimentos, dándole de comer a más de 5,000 personas? ¿No era eso suficiente para ellos? Sus corazones estaban cerrados a las verdades eternas que Jesús les había enseñado porque sólo estaban pensando en las bendiciones que él les daba pero no en lo que enseñaba. Por eso les dijo en el v. 27, “Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna”.
  4. Jesús entonces, dentro de la enseñanza que les dio en los versículos 32 al 40, mencionó que él era el pan de vida que Dios había enviado desde el cielo para dar vida a este mundo perdido (v. 33 – 35). Esa afirmación les afectó nuevamente y comenzaron de nuevo a retomar el tema del origen de Jesús y su familia que ellos conocían (v. 42). En sus mentes no podían aceptar que Jesús, aunque entendían que hacía milagros, realmente viniera de Dios porque para ellos no era mas que “el hijo de José”. El prejuicio social era un impedimento fuerte para que pudieran abrir los ojos y se dieran cuenta que tenían enfrente de ellos al Salvador del mundo.
  5. Otra enseñanza que les causó muchísimo conflicto fue cuando Jesús dijo, “si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida.” (Jn 6.53). Ellos reaccionaron diciendo, “«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» ” (Jn 6.53). Obviamente Jesús no se estaba refiriendo aquí a algún acto de canibalismo (sería la interpretación más literal del texto). Curiosamente, la Biblia de Estudio Apologética nos dice que en tiempos de la iglesia primitiva los críticos de la misma sí los acusaban de practicar alguna forma de canibalismo, debido a estas enseñanas de Jesús que seguramente los cristianos de los siglos I y II repetían en sus cultos. En realidad son metáforas que utilizó Jesús que representaban una sombra de la realidad que vendría después: el sacrificio de Cristo en la cruz por los pecados de la humanidad y posiblemente también, la celebración de la Comunión en el culto cristiano para recordar este hecho. En otras palabras, Jesús les decía que si no aceptaban su muerte redentora por la humanidad caída, no podrían tener vida eterna. Efectivamente la mayoría de los judíos de la época de Cristo nunca aceptaron su muerte redentora ni su condición de Mesías.
  6. Los versículos 60 al 71 registran la reacción de sus discípulos, que podemos clasificar en 2 grupos: A) Muchos de ellos literalmente “le volvieron la espalda y ya no andaban con él” (v. 66), “se apartaron de él y lo abandonaron” (NTV), “se volvieron a lo anterior y ya no andaban con él” (BTX). B) Los apóstoles, representados por Pedro, le dijeron ante la pregunta de Jesús sobre si también ellos se irían: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.” (Jn 6.68-69). ¿Qué significó exactamente que “ya no andaban con él” para el primer grupo? El escritor cristiano F. F. Bruce en su libro The Gospel of John comenta que no se refería simplemente a que ya no andaban con él en su ministerio itinerante, sino más bien a que ya no estaban con él en espíritu. Es decir, dejaron de verlo como su Señor, su líder y su Maestro. Ese día se terminó para ellos el ser un discípulo de Jesús, tanto en las acciones como en el corazón. ¿Cuántos perdió ese día Jesús? El v. 67 registra que les preguntó a los 12 apóstoles si ellos también se irían. Podríamos inferir que la mayoría de sus seguidores lo abandonaron y se quedó solamente con los 12 y tal vez algunos más, o tal vez ninguno más. Lo cierto es que ese día Jesús tuvo que reiniciar de alguna forma su ministerio y comenzar de nuevo con los que sobrevivieron. ¡Otro golpe emocional más! Y ni hemos mencionado que Jesús también identificó al futuro traidor (Judas) dentro del grupo de los 12. Pero Jesús no se debilitó, no se echó para atrás, porque él estaba seguro que se quedarían fieles los que Dios mismo le llevara a él (v. 44), así fueran 12 o fueran más de 5,000.

Después de este dramático episodio en el ministerio de Jesús, Marcos 7.1-23 y Mateo 15.1-20 nos presentan otro encuentro difícil de Jesús con los fariseos y los maestros de la ley que llegaron de Jerusalé. Veamos de qué se trató:

  1. Los religiosos judíos se dieron cuenta que los discípulos de Jesús “comían con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado” (Mr 7.2). En base a esa observación, los acusaron de quebrantar “la tradición de los ancianos” (Mr 7.5), a la cual estaban aferrados (Mr 7.3). ¿Se estaban refiriendo a algún pasaje de la ley contenida en el Antiguo Testamento? De acuerdo con el libro The Gospel According to Peter: Mark and I & II Peter, de Bible Lessons International, las “tradiciones de los ancianos” no eran parte de la ley revelada por Dios a Moisés, sino más bien interpretaciones de los religiosos judíos que se fueron dando con el tiempo y que posteriormente fueron codificadas en las colecciones incluidas en el Talmud (compuesto de la Mishná y la Guemará, 200 d.C.). Para tiempos de Cristo, el judío promedio creía que había 2 partes que componían a la ley: a) la escrita (el Pentateuco o Torá), b) la oral (todas estas tradiciones desarrolladas con el paso de los años sobre todo durante y después del exilio babilónico). Incluso el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, afirma que es posible que específicamente la tradición de lavarse las manos antes de comer provenía de la influencia griega en los judíos de la diáspora.
  2. Jesús los confrontó fuertemente ante este cuestionamiento diciéndoles: “Así por causa de la tradición anulan ustedes la palabra de Dios.” (Mt 15.6) y “Ustedes han desechado los mandamientos divinos y se aferran a las tradiciones humanas.” (Mr 7.8). Les puso el ejemplo de cómo ellos anulaban el mandato de Exodo 20.12 (“Honra a tu padre y a tu madre”) al anteponer a su práctica una de las tradiciones religiosas desarrolladas por hombres, faltando así a lo que Dios originalmente les pidió. La acusación contra los judíos era muy fuerte ya que se suponía que al ser el pueblo elegido de Dios, deberían promover y modelar las Escrituras, pero en lugar de eso habían desarrollado un complejo sistema de tradiciones religiosas que eran ubicadas al mismo nivel de importancia que el Antiguo Testamento y se consideraba que las personas que no siguieran dichas tradiciones no estaban bien con Dios, ¡estaban pecando! Por eso dijo de ellos, “son guías ciegos” (Mt 15.14) y quienes los siguieran caerían el mismo hoy que ellos.
  3. Tomando como punto de partida ese énfasis religioso judío en la limpieza ritual de las manos, Jesús enseñó que la verdadera suciedad que contamina espiritualmente al hombre no es la que viene de afuera (la comida o las manos sucias), sino la que sale de adentro del corazón humano. Después mencionó una de las varias listas de pecados que existe en la Biblia (Marcos 7.21-23), afirmando que todas esas maldades venían de adentro de la persona, no de afuera. Con esto, como dice, Mr 7.19, “declaraba limpios todos los alimentos”. Esto contradice completamente la creencia de varias iglesias con raíces adventistas que enseñan que se deben obedecer actualmente todos las prohibiciones de alimentos del Antiguo Testamento. Tanto lo que dijo Jesús como lo que después concluirían los dirigentes cristianos en el libro de Hechos, se demuestra que esa creencia es falsa y que la iglesia cristiana no está obligada a manejar el concepto de alimentos puros e impuros. Más bien estamos llamados a cuidar que no tengamos un corazón impuro (lleno de pecado).

Conclusiones:

  1. Nadie que mantenga un corazón mal motivado para seguir a Jesús prosperará, tarde o temprano lo abandonará. Jesús probará el corazón de toda persona que decida seguirlo, para averiguar si sus motivos son rectos (dispuesto a amarlo a él verdaderamente) o si tiene otras intenciones. ¡Estemos listos para esas pruebas y pidámosle a Dios un corazón puro!
  2. Es un hecho que personas dejarán de seguir a Jesús y regresarán a su vida anterior, ¡no hay forma de evitarlo! Es algo que simplemente es parte del cristianismo desde el inicio. Sin embargo, la pregunta para nosotros es, ¿cómo reaccionamos cuando eso pasa? ¿Nos afecta tanto que también queremos seguirlos y tener una buena excusa para abandonar nuestra fe? ¿O nos mantenemos firmes como Jesús, mirando hacia adelante y continuando obedeciendo su Palabra?
  3. Tengamos cuidado de no desarrollar un corazón como el de los judíos que abandonaron a Jesús, que a pesar de haber sido testigos y partícipes de tanto poder de Dios derramado a su alrededor (las señales milagrosas), ¡no quisieron escuchar y creer en la enseñanza de Jesús! No busquemos estar cerca de Dios solo por lo que recibimos de Él, sino porque realmente queremos estar bien con Él. ¡Son conceptos muy diferentes!
  4. Estemos alertas ante las tradiciones humanas regliosas modernas que se presentan como una enseñanza que viene directo de Dios. Siempre que una persona fundamente sus creencias más básicas en lo que dijo tal o cual hombre famoso y no en lo que dice la Palabra de Dios, ¡es posible que está siguiendo tradiciones humanas y anulando las Escrituras!
  5. Pongamos más énfasis en nuestra vida en cuidar la pureza interna del corazón y no en inventar reglas religiosas para los alimentos, la música, el baile, y demás cosas que parecen muy santas, pero que en realidad no combaten los malos deseos del alma.

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