Día 150

JOSUÉ 22.

Una vez que se había terminado el trabajo de repartición de las tierras para todas las tribus de Israel, Josué consideró que ya era tiempo de despedir a los israelitas de las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés que habían dejado sus familias y sus posesiones del lado oriente del río Jordán para ayudar al resto de sus hermanos en la conquista. Este capítulo contiene la narración del regreso de esas tribus a sus hogares y el peligro que hubo de un altercado serio entre las recién instaladas tribus de Israel.

En los versículos 1 al 6, Josué reúne a esas tribus para hablar con ellos y trató lo siguiente:

  1. Levantó su fidelidad y lealtad que mostraron todo el tiempo de la conquista (v. 2 – 3). Palabras como, “… hicieron lo que Moisés les mandó… obedecieron cada orden que yo les dí… no abandonaron a las otras tribus… Se aseguraron de obedecer los mandatos del Señor…” Josué supo reconocer la gran fidelidad que estas tribus mostraron a las instrucciones que Moisés les dio en Números 32.20–22 (NVI), “20 Moisés les contestó: —Si están dispuestos a hacerlo así, tomen las armas y marchen al combate. 21 Crucen con sus armas el Jordán, y con la ayuda del Señor luchen hasta que él haya quitado del camino a sus enemigos. 22 Cuando a su paso el Señor haya sometido la tierra, entonces podrán ustedes regresar a casa, pues habrán cumplido con su deber hacia el Señor y hacia Israel. Y con la aprobación del Señor esta tierra será de ustedes.” Es importante que siempre sepamos reconocer los logros, la fidelidad y la obediencia de otros creyentes y derrotar la tendencia humana de solamente fijarnos en las fallas.
  2. El encargo final de Josué para ellos (v. 5), “asegúrense de obedecer todos los mandatos y las instrucciones que Moisés les dio. Amen al SEÑOR su Dios, anden en todos sus caminos, obedezcan sus mandatos, aférrense a él y sírvanlo con todo el corazón y con toda el alma».”, “guarden cuidadosamente el mandamiento y la ley que Moisés, siervo del SEÑOR, les mandó, de amar al SEÑOR su Dios, andar en todos Sus caminos, guardar Sus mandamientos y de allegarse a El y servirle con todo su corazón y con toda su alma.” (NBLH). Era el momento de dejar solas a estas tribus a su propia suerte y sus propias decisiones. Josué les recuerda lo más importante que se esperaba de ellos: a) obediencia a todos los mandatos e instrucciones de la ley mosáica, b) amar a Dios, c) aferrarse a Dios (“allegarse a Él”), d) servirlo con todo el corazón y toda el alma. Creo que estas palabras todavía hacen eco en los corazones de los creyentes modernos cuando se pregunten, “-¿Qué espera Dios de mí?”: que lo amemos, que nos esforzemos en obedecer su Palabra, que nos aferremos a Él en toda circunstancia y que los sirvamos de buena gana y con todo nuestro corazón. ¿Estamos conectados con esto? ¿O nuestra vida refleja algo diferente?

El resto del capítulo 22 (v. 7 – 34) trata con una situación que comenzó de forma inofensiva pero que estuvo a punto de convertirse en una masacre entre hermanos y reprobable a los ojos de Dios. Veamos paso a paso cómo sucedió lo que podríamos llamar “crónica de un desastre anunciado” pero con un final feliz:

  1. Ya en camino hacia el lado oriental del río Jordán (v. 10), los hombres de las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, decidieron construir un altar “grande e imponente” en el lado occidental del Jordán, todavía en la tierra de Canáan. El versículo no nos da más información de la razón para hacer semejante acto.
  2. El resto de Israel se entera de la acción la cual es interpretada por ellos como un acto gravísimo al grado de congregarse todos en Silo y prepararse para la guerra contra ellos (v. 11 – 12). El v. 16 explica que lo que ellos creyeron es que los hombres de las 3 tribus habían construido una especie de “altar rival” contra el altar del tabernáculo y que esto representaba un acto de rebeldía abierta contra Dios, que además sería castigado y todo Israel pagaría las consecuencias.
  3. Sin embargo, antes de lanzarse a la guerra decidieron enviar una delegación primero compuesta de diez líderes de Israel (uno por cada tribu restante) para confrontarlos con su acción (v. 13 – 20). En esa discusión los 10 líderes expusieron con toda seguridad todos los juicios que tenían contra los hombres de Rubén, Gad y Manasés y de los cuales estaban convencidos: “… por qué están traicionando al Dios de Israel. ¿Cómo pudieron apartarse del Señor…? … ustedes le dan la espalda al Señor… mañana él se enojará con todos nosotros…”
  4. Los hombres de Rubén, Gad y Manasés pudieron contestar lo siguiente (v. 21 – 29), “El Señor… Él conoce la verdad… Nosotros no construimos el altar por traición o en rebeldía contra el Señor… Si en verdad…. que el Señor mismo nos castigue.. La verdad es que…” Dieron entonces su versión explicando que lo hicieron por miedo a un futuro desconocimiento de las tribus del lado occidentel hacia sus descendientes del lado oriental del río. Así el altar construido serviría como un monumento memorial que les recordaría la relación fraternal entre todas las tribus. Y aclararon (v. 29), “Lejos esté de nosotros rebelarnos contra el Señor…” No incurrieron en ningún pecado con el altar.
  5. La reacción del liderazgo de Israel ante la respuesta (v. 30 – 34). Una vez que los dirigentes de Israel (el sacerdote Finees  y los líderes de la comunidad) escucharon la versión de los hombres de Rubén, Gad y Manasés, “quedaron conformes y alabaron a Dios y no hablaron más de hacer guerra contra Rubén y Gad.” (v. 33). Pero además reconocieron la decisión de haber hablado antes con ellos fue la más sabia ya que “han rescatado a Israel de ser destruido por mano del SEÑOR.” (v. 31). Si el resto de Israel se hubiera lanzado a la guerra contra las 3 tribus sin darles derecho de réplica primero, ¡hubieran cometido un gravísimo pecado a los ojos de Dios!

 

Conclusiones:

¿Qué lección podemos aprender de este episodio? Pues varias creo yo, respaldadas con principios bíblicos sobre el manejo de conflictos entre personas (especialmente entre hermanos en la fe). Aquí tenemos un “mini-tratado” sobre solución espiritual de conflictos entre creyentes:

  1. Juan 7.24 (DHH-LA), “24No juzguen ustedes por las apariencias. Cuando juzguen, háganlo con rectitud.” Jesús estaba siendo acusado falsamente por los judíos y él decide enseñarles a juzgar correctamente. El acto de juzgar a otros debe ser hecho con rectitud, con integridad, honrando la verdad. Si por lo que “nos pareció ver” o lo que “sentimos que” o lo que “nos imaginamos”, juzgamos duramente a otro creyente, estamos faltando a la verdad. Tengamos cuidado cuando levantamos juicios, especialmente si nos estamos basando en apariencias y no hemos sido profundos con el asunto.
  2. Proverbios 18.17 (DHH-LA), “17 El primero en defenderse parece tener la razón, pero llega su contrario y lo desmiente.” En todo conflicto entre personas de fe necesita darse el derecho de réplica. Precisamente la forma de evitar caer en falta de rectitud a los ojos de Dios al juzgar por apariencias es hablando de frente con la otra persona y aclarar cara a cara la duda o el asunto en cuestión, no usando terceros como intermediarios ni intercambiando mensajes de correo electrónico o en las redes sociales.
  3. Mateo 18.15–16 (DHH-LA), “15“Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta. Si te hace caso, ya has ganado a tu hermano. 16Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, para que toda acusación se base en el testimonio de dos o tres testigos.” Todo este proceso, de acuerdo a Jesús, no puede ser hecho de forma pública desde el inicio, exponiendo nuestros juicios anticipados y acusaciones a medio mundo ANTES de si quiera hablar con la persona indicada, ¡NI AÚN DESPUÉS! La costumbre pecaminosa de exponer nuestros sentimientos negativos contra una persona con terceros sin seguir los pasos que Jesús nos dejó daña mucho las relaciones unos a otros en las iglesias cristianas. Con este contexto podemos afirmar entonces que el uso de redes sociales (Facebook, Twitter) o correos electrónicos masivos para expresar juicios contra terceros creyentes es completamente reprobable, es una tremenda falta de integridad en el manejo de las relaciones humanas a la vista de las Escrituras. ¡Nada podrá reemplazar jamás el sentarse frente a frente, a solas primero siempre, para arreglar cualquier conflicto!
  4. Romanos 12.10 (DHH-LA), “10Ámense como hermanos los unos a los otros, dándose preferencia y respetándose mutuamente.” Una vez que nuestro hermano o hermana nos cuenta su versión de las cosas ante nuestros planteamientos, de acuerdo a este pasaje, necesitamos darle “preferencia” solo por ser nuestro hermano o hermana en la fe. Es decir, necesitamos creerle. Si tenemos dudas, podemos confirmar y reconfirmar lo que estamos escuchando, pero al final necesitamos creerle, por respeto a Dios y a la fe que profesa el hermano o hermana en Cristo. Si nos está mintiendo, Dios estará de testigo y Él juzgará a esa persona a su manera, que es mucho más efectiva y poderosa que nuestras formas.
  5. Mateo 18.19–20 (DHH-LA), “19“Esto les digo: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará. 20Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”” El objetivo de los encuentros para arreglar conflictos es RECONCILIACIÓN, no “ver quién gana”. Jesús (en el mismo contexto de Mateo 18) afirma que Dios estará enmedio de 2 o 3 personas que se han congregado para solucionar cristianamente un conflicto y al final orarán y Él les dará reconciliación.
  6. Mateo 7.1–2 (DHH-LA), “1“No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. 2Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros; y con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes.” En caso de que decidamos no obedecer las Escrituras en la forma de arreglar conflictos y nos entreguemos a vivir juzgando duramente a otros, criticando todo el tiempo, guardando resentimiento y mostrando reacciones agresivas y groseras ante las menores fallas de terceros; estemos conscientes de lo siguiente: SEREMOS JUZGADOS CON LA MISMA MEDIDA CON QUE MEDIMOS A LOS DEMÁS. Este principio no falla, siempre se cumple en estos casos, Dios nos ubicará en situaciones donde otros nos van a hacer exactamente lo que hicimos y así aprenderemos la lección. ¿Te imaginas que en el día del Juicio Final Dios decidiera juzgarnos exactamente siguiendo el patrón con el que nosotros juzgamos en vida nuestras relaciones humanas? ¿Te gustaría? ¡De ninguna manera! ¿Verdad?

  7. El plan de Dios para arreglar malos entendidos y conflictos es increíble y muy sabio. Si somos obedientes al mismo, podemos evitar verdaderas “masacres” entre creyentes que terminan en resentimientos y odios sin fin y pueden llevar a varios a llenarse de amargura y abandonar la confraternidad y eventualmente separarse de Dios.
  8. Finalmente pregúntate, ¿cómo arreglas los conflictos y los problemas con otros creyentes? ¿Te apegas a los principios bíblicos o sigues las inclinaciones de tu naturaleza pecaminosa? Buen tema para reflexionar.

4 Responses to “Día 150”

  1. Lulu tovar dice:

    Así es espero nunca caer en este pecado y amar siempre a mis hermanos.gracias Maestro

  2. Adriana Casas dice:

    Vaya lección! Yo creo que todos en algún momento hemos caído en esto, pero gracias a Dios, nos da la oportunidad de renovarnos día a día y de arrepentirnos. GRACIAS ARTURO

  3. Gustavo Ulloa dice:

    Si lamentablemente son situaciones que cuando se salen de control pueden dañar el corazón de los hermanos por eso necesitamos aprender a arreglar conflictos como dice la Biblia, gracias por estos puntos nos van a ser muy útiles para arreglar conflictos, es una herramienta muy valiosa.

  4. Gildardo dice:

    Jos 22:30 Cuando escucharon lo que los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés tenían que decir, Finés el sacerdote y los jefes de clanes y de la comunidad quedaron satisfechos.
    Que diferentes serian las cosas si siempre aplicáramos los principios bíblicos para resolver nuestros conflictos en este caso se evito una masacre…creo que la iglesia no madura y una prueba de esa falta de madurez es cuando no arreglamos satisfactoriamente nuestros conflictos. Me ayuda siempre a tener la meta de hacer la voluntad de Dios y que ambas partes queden satisfechas como lo dice esta escritura.

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