Día 444

HEBREOS 11.1-13.25.

Continuaremos con nuestro estudio de Hebreos y en esta ocasión toca el turno al famoso capítulo de la fe, así como otro capítulo entero dedicado al tema de la disciplina de Dios para sus hijos, y por último las exhortaciones finales del la carta.
Iniciemos hablando del desarrollo que el autor hace sobre la fe en Hebreos 11. Básicamente en este capítulo encontramos la definición de qué la fe y también varios ejemplos prácticos de qué significa tener fe. Veamos los detalles:
  1. La definición de fe (Heb 11.1). Las diferentes traducciones dicen, “la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.”, “es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (BTX), “es garantía de lo que se espera; la prueba de lo que no se ve.” (BJL). Hay dos palabras claves que están en este versículo y alrededor de las cuales gira todo el significado: “garantía” (Gr. ὑπόστασις, jupóstasis) y “certeza” ( Gr. ἔλεγχος, élenjos). Aparentemente el autor trató de explicar lo que significaba tener fe y decidió utilizar las palabras garantía y certeza para ilustrar el significado. La primera palabra también ha sido traducida como confianza o seguridad, mientras que la segunda como verificación o convencimiento. Cuando tenemos fe son esas las dos cosas las que nos deben caracterizar: confianza de que Dios está en control y Él es soberano, y certeza o seguridad de que Dios existe y que está al pendiente de nosotros. Si nos falta confianza en Dios o seguridad en Él, ¿cómo podemos decir que andamos bien en nuestra fe? Más bien estamos nuestra fe está débil y necesita fortalecerse.
  2. Las aplicaciones prácticas de la fe (Heb 11.4-31). En base a estos versículos y los ejemplos de personas que tuvieron fe y la demostraron, podemos decir que tener fe es también: creer que Dios creó el universo y todo lo que existe (v. 3), que Dios se merece nuestro mejor esfuerzo (Abel, v. 4), que Dios recompensa a quienes lo buscan pero no se agrada de los que no creen en él (Enoc, v. 5-6), creer en sus promesas al grado de actuar en base a las mismas (v. 7), obedecer los mandatos de Dios confiando que Él sabe qué es lo mejor y por qué pide lo que pide (Abraham, v. 8-13), aceptar la pruebas que Dios nos envía y confiar (Abraham, v. 17-19), hablar con la convicción de que Dios está en control del futuro (Isaac, Jacob y José, v. 20-22), renunciar sin miedo a los placeres que el mundo nos ofrece por la convicción de agradar a Dios (Moisés, v. 23-27), llevar a cabo acciones basadas en su fe (los reyes, los jueces y los profetas, v. 32), y soportar sufrimientos y persecuciones por causa de su fe (v. 35-38). Como podemos notar, la fe tiene múltiples implicaciones, desde los pensamientos y las convicciones, hasta las acciones o la falta de acción también. La fe en Dios y en su Hijo Jesucristo constituye un verdadero motor interno para nuestros corazones, al grado que podemos decir que un creyente verdadero vive por fe cada día.
  3. La conexión entre la fe del AT y la del NT (Heb 11.39-40). Estos versículos aseguran que toda esa larga lista de personajes famosos en las Escrituras que fueron ejemplos de lo que tener fe significa, “ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa” (Heb 11.39). ¿Por qué? El v. 40 explica que Dios consideró que la perfección en la fe se alcanzaría solo en unión con “nosotros”, es decir, los discípulos de Jesús. Así, la fe del AT apuntaba totalmente a la fe que se desarrollaría en el NT hacia Cristo.
En Hebreos 12.1-13 encontramos un desarrollo teológico sobre el tema de la disciplina de Dios hacia sus hijos (los creyentes). Veamos varios puntos importantes:
  1. El llamado a la perseverancia (Heb 12.1-4). El autor de Hebreos plantea que precisamente por esa “multitud tan grande de testigo” (Heb 11.1) que ya nos demostraron lo que es tener fe bajo las circunstancias más extremas (incluso al grado de perder la vida por causa de su fe), nosotros los discípulos de Jesús nos deberíamos de esforzare mucho por 3 cosas: A) Despojarnos “del lastre que nos estorba” (Heb 12.1) o “desprendiéndonos de todo peso” (BJL), que es principalmente el pecado en cualquier forma, y que conforme a la ilustración utilizada, constituye un verdadero lastre que no nos deja avanzar libremente en la vida cristiana. B) Correr con perseverancia la carrera de la fe (utilizando nuevamente términos deportivos para referirse a la vida cristiana). C) Fijar nuestra mirada en Cristo y no en los hombres, ya que él es “el iniciador y perfeccionador de nuestra fe” (Heb 11.2) y además está en la meta de la carrera que estamos corriendo. En cuanto a este último punto, el autor añadió también que Jesús es un modelo de perseverancia para nosotros ya que a pesar de “tanta oposición” (Heb 11.3), ¡siguió adelante con su misión! Así debe ser en nuestra vida cristiana, seguir adelante sin parar a pesar de oposición, problemas, dificultades, pruebas, tentaciones, caídas y demás. ¿Hasta dónde debemos perseverar? Hasta la última frontera, “todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.” (Heb 11.4). Morir por nuestra fe sería la última acción de perseverancia en nuestra vida.
  2. Cuando Dios nos disciplina (Heb 11.5-11). Por alguna razón que sus destinatarios entendían, el autor de Hebreos mencionó que esos cristianos estaban soportando disciplina de parte de Dios, es decir, alguna especie de castigo por alguna situación (incluso comparó la situación con la ilustración de un padre terrenal reprendiendo y disciplinando a sus hijos). El autor utilizó Proverbios 3.11-12 como punto de referencia para tratar este tema. En base a este pasaje, ¿cómo debemos tomar la disciplina que Dios nos envía? a) comprender que si Dios está actuando en base a nuestra vida es porque realmente le importamos y está pendiente de lo que hacemos, b) toda disciplina que proviene de Dios es para nuestro bien y para ayudarnos a participar en santidad con Dios, c) aunque no es agradable recibir disciplina de parte de Dios, si la tomamos de forma espritual podremos levantar una “cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados en ella.” (Heb 12.11). Así que podemos decir también que cuando Dios nos disciplina necesitamos permitir que esa corrección divina nos entrene el corazón para entonces hacer los cambios necesarios y agradar a nuestro Padre. Es un llamado a confiar en Dios cuando nos disciplina.
  3. ¿Qué hacer para prevenir la disciplina de Dios? (Heb 12.12-13). El autor llamó a los cristianos a renovar “las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas… para que la pierna coja no se disloque sino que se sane.” Podemos decir entonces que el cansancio espiritual, la falta de oración y los pecados sin tratar (“la pierna coja”) nos pueden llevar a situaciones donde no queremos estar y donde Dios mismo nos tendrá que disciplinar desde el cielo para que entendamos y cambiemos. ¡Mejor atendamos nuestras debilidades ahora! Seamos previsores y no negligentes con nuestra vida espiritual. Busquemos renovar nuestro corazón y nuestra relación con Dios.
Por otro lado, en Hebreos 12.14-29 el autor saltó del tema de la disciplina de Dios al tema de aquellos que se amargan y terminan rechazando a Dios:
  1. La relación entre relaciones fraternales sanas y la santidad (Heb 12.15). El autor escribió, “Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Lo opuesto a vivir en paz con otros es vivir en guerra contra otros. Vivir en paz con el resto de la confraternidad de creyentes está cercanamente ligado con el concepto de santidad, que impica vivir apartados de la maldad de este mundo, de forma diferente al mundo, arreglando los problemas de forma distinta a como los arregla el mundo. Una persona que continuamente está en conflicto con sus hermanos carece también de santidad, y si no cambia su actitud, las consecuencias son claras: “sin la cual nadie verá al Señor”.
  2. El peligro de la amargura (Heb 12.15-17). El v. 15 dice, “Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos”, o “No dejen que nadie se aleje del amor de Dios. Tampoco permitan que nadie cause problemas en el grupo, porque eso les haría daño; ¡sería como una planta amarga, que los envenenaría!” (TLA). Continuando con el tema de vivir en paz con todos del v. 14, el autor plantea ahora el peligro a corto plazo de quien se empeña en mantener enemistades con otros creyentes: amargarse y contaminar a otros de amargura. El peligro a largo plazo es no ver a Dios (v. 14), pero a corto plazo también hay consecuencias, solamente que afectan a terceros también, no solamente a la persona amargada. Debemos entender que la amargura hace daño tanto a nosotros como a quienes nos rodean. Nunca una persona amargada será fuente de bendición para otros, sino de maldad y corrupción interna. La primera parte del v. 15 confirma la última parte del v. 14, es decir, quien se amarga y envenena a otros por un mal manejo de las relaciones humanas entre creyentes, se aleja de la gracia de Dios que puede perdonarlo y renovarlo, y se expone a no recibir la promesa de estar con Dios en la eternidad. El otro pecado que implica perder las bendiciones prometidas de Dios lo comenta el v. 17, “que nadie sea inmoral o profano”, y menciona el ejemplo de Esaú. Este hombre como sabemos no le dio importancia a la primogenitura que tenía y la menospreció por una comida caliente, porque estaba más interesado solamente en satisfacer sus necesidades físicas y no en las cosas espirituales. Así que podemos decir que tanto amargura como un corazón indiferente y apático a las cosas sagradas para Dios tienen graves consecuencias eternas.
  3. Una respuesta de acuerdo a la bendición recibida (Heb 12.18-27). El planteamiento del autor fue el siguiente: los antiguos hebreos se acercaron a manifestaciones físicas impresionantes de Dios (una montaña ardiendo en fuego, sonidos de trompeta en el cielo, voces que venían de lo alto), y como reacción estaban llenos de miedo ante lo que veían. Los discípulos de Jesús se acercaron a algo mucho mejor: la Jerusalén celestial, millares de ángeles, a los espíritus de aquellos que murieron fieles en su fe, a Dios y a Jesús, su Hijo. Siendo así, ¿no deberíamos los discípulos mantener un temor santo a Dios? ¿No deberíamos tener cuidado de cómo manejamos nuestra fe? Por eso dijo el autor en el v. 25, “Tengan cuidado de no rechazar al que habla, pues si no escaparon aquellos que rechazaron al que los amonestaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si le volvemos la espalda al que nos amonesta desde el cielo.” Rechazar a Dios una vez que ya lo conocimos no se queda sin castigo, y así como los antiguos israelitas fueron reprendidos y castigados por Dios cuando lo rechazaron, también nosotros podemos correr con la misma suerte si no aprendemos del mal ejemplo de aquellos hombres. El Dios del NT sigue siendo el mismo del AT y merece también temor, reverencia y respeto de nuestra parte.
  4. La clave para mantenernos bien con Dios (Heb 12.28-29). En estos versículos el autor llamó a los creyentes a ser agradecidos y también a ser inspirados por esa gratitud para adorar a Dios como Él a él le agrada, “con temor reverente” (Heb 12.29). Mantener la gratitud es fundamental para mantener una relación buena con Dios y no desviarnos a puntos donde no queremos estar realmente. Gratitud con temor reverente es lo que le agrada a Dios, ¡asegurémonos de tener ambas virtudes en nuestra vida!
Finalmente, en Hebreos 13 encontramos una lista de mandatos bien específicos que tenían la intención de cuidar los corazones y la fe de los destinatarios de la carta, que de acuerdo a todo lo que hemos analizado en la misma, a pesar de que tenían bastantes años de conocer a Jesús se estaban debilitando devocional y doctrinalmente, y necesitaban regresar al camino antes de que fuera demasiado tarde. Veamos cuáles son:
  1. El amor fraternal (Heb 13.1-3). Practicar el amor fraternal en sus mútiples aplicaciones (como la hospitalidad o ala solidaridad con los que sufren por Cristo) es un elemento fundamental para mantener viva la fe y suave nuestro corazón. Si permitimos que la práctica del amor a los creyentes se enfríe y nos volvemos apáticos a involucrarnos en cualquier forma del mismo (discipulado, consejería, animar a otros, etc.), exponemos nuestra fe a un grave peligro.
  2. La pureza sexual (Heb 13.4). El autor hizo énfasis en mantener en “alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal”, no con los estándares del mundo, sino con los estándares de Dios. La consecuencia de desobedecer esto sería el juicio de Dios. Cuando hay debilidad en nuestra fe, una de las primeras áreas donde se puede revelar esto es en nuestra pureza. Por eso mismo el autor llamaba a los cristianos a fortalecerse con los valores de Dios en esta área.
  3. El contentamiento (Heb 13.5-6). Citando dos pasajes del AT (Deuteronomio 31.6 y Salmos 118.6-7), el autor exhortó a los cristianos a no vivir amando al dinero sino más bien a practicar el contentamiento (“conténtense con lo que tienen”, v. 6). Entregarse al materialismo, al consumismo y al endeudamiento fuera de control reflejan también una debilidad en la fe. La solución para esto es aprender con la ayuda de Dios a resistir a la moda del momento y a contentarse con lo poco o mucho que podamos tener.
  4. La relación con el liderazgo (Heb 13.7, 17). Curiosamente, el autor de Hebreos incluyó en su lista de exhortaciones para cristianos débiles con mucho tiempo en la fe a que cuidaran su relación con el liderazgo local de su iglesia. Por un lado, los llamó a acordarse de los buenos ejemplos que tuvieron en sus dirigentes y a imitar su forma de vida, y por otro lado los exhortó a mostrar obediencia y sometimiento a sus líderes, como reacción correcta ante su preocupación sincera por la iglesia. Permitir malas relaciones con el liderazgo de nuestra congregación local puede ser el origen de rebeldías, amarguras y enojos sin sentido que pueden terminar muy mal, dejándonos en un estado espiritual muy frágil. Recordemos que estamos hablando aquí especialmente de buenos ejemplos en el liderazgo y líderes sinceros hacia su cuidado a la iglesia. Dios no acepta el espíritu anarquista en un cristiano, es decir, rebelión y rechazo a toda figura de autoridad solamente por representar eso mismo: autoridad. La obligación del líder cristiano es entonces cuidar sinceramente a la iglesia, mientras que el papel del seguidor cristiano es facilitarles la tarea para que la lleven a cabo “con alegría y sin quedarse” (Heb 13.17), de lo contrario no sería de provecho para nadie.
  5. Rechazar las falsas doctrinas (Heb 13.9). El versículo dice claramente, “No se dejen llevar por ninguna clase de enseñanzas extrañas.” o “Así que no se dejen cautivar por ideas nuevas y extrañas.” (NTV) o “No se dejen seducir por doctrinas diversas y extrañas.” (BJL). Coquetear con falsas doctrinas y falsas enseñanzas o bien, ya sea por ignorancia, necedad o negligencia, representa una decisión nada inteligente que nos puede dejar también en un estado espiritual muy débil. Si queremos fortalecernos en la fe necesitamos cortar cualquier lazo que mantengamos con falsas doctrinas para que no contaminen nuestra mente y nuestro corazón.
  6. Ofrecer sacrificios agradables a Dios (Heb 13.15-16). Así como los antiguos israelitas ofrecían en el templo sacrificios para demostrar su fe en Dios, también los cristianos estamos llamados a ofrecer sacrificios espirituales agradables a Él: a) alabanza, b) hacer el bien a otros, c) compartir con quienes necesitan. Estas acciones son mucho más agradables a Dios que cualquier sistema de ritos y ceremonias. Estas son manifestaciones prácticas de lo que es tener fe y mantenerla viva y activa.
En la sección final de despedidas y saludos de la carta, el autor mencionó que Timoteo había estado en la cárcel pero que ya estaba libre (v. 23). De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, es posible que Timoteo haya sido encarcelado por órdenes de Nerón, pero a la muerte de éste último, la Guardia Pretoriana y la aristocracia romana lo hubieran liberado. Esto ubicaría la carta a finales de los años 60’s d.C.

Conclusiones:

  1. La vida de un cristiano debe ser caracterizada por la fe y de hecho, toda su existencia gira en torno a su fe. No se puede separar la fe de nuestra vida práctica diaria, ya que todo lo que hacemos diariamente está conectado con la fe o con la falta de ella. ¡Fortalezcamos nuestra fe!
  2. Aprendamos a perseverar en el cristianismo y no salgamos corriendo cada vez que enfrentamos problemas, persecución o tristezas. Solo los que perseveren ganarán la carrera, ¡no seamos de los que se quedan en el camino por cualquier razón!
  3. Veamos la amargura como Dios la ve, ¡es un pecado muy grave! No solo nos hace daño a nosotros, sino que nos lleva a dañar a terceros. Si tenemos amargura por alguna razón en nuestro corazón, resolvámosla de forma espiritual y hagamos lo necesario para sacarla de nuestro corazón.
  4. No perdamos nuestra gratitud a Dios y demostrémosla en cada oportunidad, tanto en palabra como en acciones. Asegurémonos que la gratitud sea una fuerte motivación en nuestro corazón para vivir la vida cristiana.
  5. Revisemos la lista de 6 cosas que el autor de Hebreos pidió a los cristianos débiles a los que escribió. ¿Cómo andamos en cada una? ¿Hay evidencias de que estamos con necesidades en alguna de ellas? ¿Estamos siendo negligentes en alguna otra? Podemos tomar estas 6 cosas como una especie de “termómetro” espiritual para medir cómo está nuestra fe hoy en día.
Los dejo con 2 videos de un estudio especial sobre el tema de la amargura y uno más sobre el tema de las sombras del AT y las realidades del NT (por el Dr. John Oakes), por si les interesa profundizar en dichos temas.

Parte 1 – Aliviando Dolor Corazón y Alma from Fundacion Proyecto Esdras AC on Vimeo.

Parte 2 – Aliviando el Dolor de Corazón y Alma from Fundacion Proyecto Esdras AC on Vimeo.


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