Día 306

EZEQUIEL 3.16 – 6.14, JEREMÍAS 27.1 – 28.17.

Continuaremos hoy con el estudio del libro de Ezequiel así como otros 2 capítulos del libro de Jeremías. Como podemos darnos cuenta, ambos profetas se refieren a eventos contemporáneos para ellos. Dios levantaba varios profetas de forma simultánea para dar a conocer su mensaje desde diferentes fuentes, ofreciendo así más oportunidad a su pueblo de arrepentirse y cambiar.

Veamos algunos puntos relevantes de los capítulos correspondientes del libro de Ezequiel:

  1. La fuerte responsabilidad que Dios le asignó al profeta (Ezequiel 3.16-27). En este pasaje Dios le asignó a Ezequiel una responsabilidad muy grande: ser un “centinela” para su pueblo. El papel de Ezequiel siempre era obedecer a Dios anunciando lo que Él le pedía, sin importar la reacción de la gente. En caso que Ezequiel se rehusara a hablar algún mensaje específico que Dios había decretado, sería responsable de la muerte de todas las personas afectadas (v. 18). Ya fuera que anunciara a los perversos que se volvieran a Dios (v. 18 – 19) o a los justos que se desviaban de su rectitud (v. 20 – 21), Dios siempre esperaría que Ezequiel hablara y no se callara. En todo caso, no estaba en manos de Ezequiel si la gente respondería o no, solamente él tenía que cumplir su misión de hablar, Dios se encargaría del resto. El versículo 27 describe bien la realidad del corazón humano ante la Palabra de Dios: “Los que quieran escuchar, escucharán, pero los que se nieguen, se negarán, porque son rebeldes.” Así era antes, así es hoy también. Nuestra responsabilidad como creyentes es anunciar el evangelio de Cristo. No está en nuestras manos si ellos se convertirán o no, eso dependerá de sus corazones, pero eso no nos excluye de la responsabilidad de anunciar y predicar siempre.
  2. La diferencia en cómo Dios llama la atención a los “justos”. Varias de las traducciones que analizamos dicen algo como la NTV: “Si los justos se desvían de su conducta recta y no hacen caso a los obstáculos que pongo en su camino, morirán” (Ez 3.20), aunque otras como la BTX dice, “Si algún justo se aparta de su justicia y hace maldad, pondré un tropiezo delante de él y morirá”. Las primeras traducciones apoyan la idea de que cuando los “justos” se desvían de su camino, Dios les manda advertencias a través de obstáculos que les pone para que se vuelvan a Él y regresen al camino recto. Si no hacen caso ni a las advertencias de su Palabra ni reflexionan en las dificultades que se presentan con los obstáculos, ¡entonces morirán! Pero nos llama la atención cómo Dios muestra consideración por aquellos que se desvían de lo recto pero que anduvieron fieles a Él por un tiempo. ¿Hay obstáculos hoy en nuestra vida que nos están haciendo sufrir? Meditemos en esto.
  3. Las ilustraciones físicas que Dios le pedía al profeta para respaldar su mensaje. Los capítulos 4 al 6 contienen diferentes acciones que Dios requirió de Ezequiel para precisamente ilustrar el mensaje que estaba por proclamar: a) armar una maqueta del futuro sitio y ataque contra Jerusalén, b) acostarse sobre el lado izquierdo por 390 días y luego sobre el derecho por 40 días, c) la mezcla de diferentes semillas para hacer un pan racionado para Ezequiel, d) el agua racionada para él también, e) las diferentes acciones con el cabello de la cabeza y la barba de Ezequiel. ¿Qué era todo esto? Señales de los juicios que Dios estaba emitiendo. Cada acción y sus derivados tenían una fuerte carga simbólica. Dios quería ilustrar físicamente a su pueblo a través de Ezequiel todo el daño que se causarían a ellos mismos por sus pecados y su rebeldía. Dios estaba determinado a ejecutar su juicio sobre Jerusalén y nada ni nadie lo detendría. Su sentencia fue, “te eliminaré por completo” (Ez 5.11) a través de 3 elementos: a) hambre y enfermedades, b) la espada enemiga, c) la dispersión por todos lados.
  4. El gran daño que ocasionó la idolatría en Judá. En varios pasajes Dios dejó claro que estaba muy enojado por causa de la idolatría que Judá y Jerusalén habían practicado: “A causa de tus ídolos detestables” (Ez 5.9), “aplastaré sus santuarios paganos… sus lugares de culto serán destruidos. Mataré a la gente delante de sus ídolos” (Ez 6.4). Tan fuerte fue la indignación de Dios contra la repetida idolatría de Jerusalén que decidió hacerlos sufrir de la siguiente manera: “Los padres se comerán a sus propios hijos y los hijos se comerán a sus padres.” (Ez 5.10). Jerusalén tendría que pagar un precio muy alto por rebelarse a adorar al único Dios verdadero y entregarse a la adoración de ídolos inútiles. Siempre la idolatría genera una fuerte reacción en Dios y nunca se queda sin castigo. Sin embargo, Dios no ejecutaría este juicio de una forma fría y mecánica, sino que “Reconocerán cuánto me duele la infidelidad de su corazón y la lujuria de sus ojos que anhelan a sus ídolos.” (Ez 6.9). ¡Había dolor en su corazón! Disciplinaría a su pueblo con un corazón dolido y triste por su maldad pero también por las consecuencias que pagarían.

Ahora vayamos con los capítulos 27 y 28 del libro de Jeremías. Encontramos lo siguiente:

  1. Dios también le pidió a Jeremías que ilustrara su mensaje con acciones específicas. En este caso, le pidió que se hiciera un yugo y se lo atara al cuello con correas de cuero (Jer 27.2), para ilustrar así su mensaje contra los reyes de varias de las naciones que serían arrasadas por el imperio babilónico también.
  2. La soberanía de Dios sobre cualquier reino humano sin importar si creen en Él o no. En Jeremías 27.5 dice “Yo hice la tierra, la gente y cada animal con mi gran fuerza y brazo poderoso. Estas cosas me pertenecen y puedo dárselas a quien yo quiera.” El profeta se estaba dirigiendo a los embajadores de los reyes paganos que habían visitado Jerusalén. Con esa afirmación, Dios les dejó claro que su poder y su soberanía no estaba limitada a que un reino determinado tuviera fe en Él o no, ¡Él reina sobre todos los gobiernos humanos y levanta y derriba a quien Él quiere!
  3. El tiempo que duraría el dominio de Babilonia. En Jeremías 27.7 dice, “Todas las naciones le servirán a él, a su hijo y a su nieto hasta que se acabe el tiempo de ellos. Entonces muchas naciones y grandes reyes conquistarán y dominarán a Babilonia.” De acuerdo con el libro A Handbook on Jeremiah, de United Bible Societies, esta profecía no debe ser tomada de forma literal, ya que no se cumplió así. La historia registra que Nabocodonosor fue sucedido en el trono por su hijo Evil Merodac (2 R 25.27) y que su vez fue reemplazado por su hermano (no su hijo) Neriglisar (que reinó entre el 560 al 556 a.C.), y después vendría Nabónido (en el 556 a.C.) que era ajeno a la familia real. Sin embargo, hay evidencias históricas de que hubo un hijo de Neriglisar que también reinó simultáneamente a Nabónido en el 556 a.C. y que se llamó Labashi-Marduk, que reinó solo 3 meses y fue asesinado. Si esto fue real, la profecía del hijo y del nieto de Nabucodonosor estaría completa y Dios no mintió.
  4. La advertencia contra los falsos profetas y las mentiras que decían. El profeta Jeremías le advirtió claramente tanto a los embajadores extranjeros, como al rey Sedequías de Judá, como a los sacerdotes y al pueblo en general que no hicieran caso de los falsos profetas y practicantes del ocultismo que aseguraban que ““El rey de Babilonia no los conquistará” (Jer 27.9). Había en Jerusalén un ambiente de falso optimismo gracias a esas personas que hablaban falsamente en nombre de Dios. Obviamente el Señor estaba muy indignado por esas intervenciones que solo confundían a su pueblo y no permitían que su mensaje llegara a sus corazones, pero que también representaría una prueba para saber quién sería sincero y honesto para con Dios y quién no.
  5. El castigo para los falsos profetas. De manera drástica Dios decretó lo siguiente para el falso profeta Hananías que contradecía a Jeremías públicamente: ““Debes morir. Tu vida terminará este mismo año porque te rebelaste contra el SEÑOR”»” (Jer 28.16). Es algo muy grave entorpecer el trabajo que Dios quiere hacer en los corazones humanos a través de su Palabra. Recordemos que algo parecido dijo Pablo del famoso brujo Elimas en Hechos 13.8–11 (DHH-LA), “8Pero el brujo, cuyo nombre griego era Elimas, se les opuso, tratando de impedir que el gobernador creyera. 9Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno del Espíritu Santo, lo miró fijamente 10y le dijo: —¡Mentiroso, malvado, hijo del diablo y enemigo de todo lo bueno! ¿Por qué no dejas de torcer los caminos rectos del Señor? 11Ahora el Señor te va a castigar: vas a quedarte ciego, y por algún tiempo no podrás ver la luz del sol.”

Conclusiones:

  1. Nosotros como creyentes también tenemos una responsabilidad fuerte de anunciar el evangelio y decir a las personas lo que Dios nos ha revelado a través de su Palabra. Pero, ¿qué tal si no lo hacemos? ¿Qué tal si no queremos anunciar nada a nadie? Recordemos Santiago 4.17 (DHH-LA), “El que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado.” Ciertamente hay una responsabilidad fuerte también delante de Dios al decir que lo conocemos, ¡necesitamos anunciarlo a los demás!
  2. El gran amor de Dios nos ayuda como creyentes cuando nos desviamos del camino recto. Él usará todo tipo de situaciones, obstáculos, problemas, dificultades o lo que se le ocurra para llamar nuestra atención, humillar nuestro corazón orgulloso y llevarnos al arrepentimiento. Si hoy sabemos que andamos extraviados en algún área de nuestra fe, ¡abramos los ojos a los obstáculos que enfrentamos! Tal vez es Dios llamándonos la atención de alguna manera con amor.
  3. Los falsos maestros y las falsas enseñanzas, si bien lastiman la fe del pueblo de Dios, también sirven como una especie de “filtro” para evidenciar quién tiene raíces firmes en su fe y quién no. Es a la hora de estar expuesto a esas enseñanzas falsas que se muestra la calidad de la fe de cada uno. Al final, todo depende de la convicción personal que cada uno tengamos y todos daremos cuenta de forma individual a Dios de las decisiones que tomamos con respecto a la doctrina que creemos.

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